Ahora, Taveras Difo debe decidir el "cómo" quiere ser recordado: como el técnico que supo rectificar, o como el político que fue fulminado políticamente por su propia incapacidad de obedecer la ley.
EN PERSPECTIVA
Accionar Político.- La sentencia del Tribunal Superior Administrativo (TSA) que ordena al Organismo Dominicano de Acreditación (ODAC) indemnizar al periodista Marcos Dominici ha pasado de ser un conflicto administrativo, y se ha convertido en una prueba de fuego para la supervivencia política de su director ejecutivo, Ángel David Taveras Difo.
La decisión del TSA es demoledora porque no admite interpretaciones creativas. El Tribunal ha determinado que la desvinculación de Dominici fue un acto arbitrario que violó los principios más elementales del derecho laboral público.
Para Taveras Difo, persistir en la negativa de pago es un desacato institucional que lo coloca en una posición de vulnerabilidad absoluta frente a la Ley de Función Pública y la propia Constitución de la República.
Taveras Difo debe despertar a la realidad del 2026: el "Gobierno del Cambio" ha demostrado que no tiene amigos cuando se trata de proteger la imagen presidencial de transparencia.
Al retener el pago de una sentencia definitiva, el director del ODAC se está convirtiendo en un pasivo político, "desechable" para Luis Abinader.
En un gobierno que se juega su legado en el respeto a la independencia de poderes, un funcionario que ignora una sentencia judicial es un clavo en el zapato que más temprano que tarde, el Palacio Nacional no dudará en extraer.
La lógica del Poder es implacable
Taveras Difo tiene hoy la oportunidad de cerrar este capítulo con la dignidad de quien reconoce un error institucional y lo subsana. Si elige el camino de la dilación, está empujando a que la solución llegue por la vía de un Decreto.
Un plumazo presidencial que lo destierre de la administración pública no solo terminaría con su gestión en el ODAC, sino que lo marcaría permanentemente como el funcionario cuya soberbia obligó al Ejecutivo a intervenir para salvar la institucionalidad.
Pagar es la única ruta
La cuenta regresiva ha comenzado. Pagar la indemnización a Marcos Dominici hoy, es un acto de gestión inteligente; esperar a que el escándalo escale a los medios de comunicación y a los gremios de la prensa es una negligencia suicida.
La sentencia del TSA ya dictó el "qué"; ahora, Taveras Difo debe decidir el "cómo" quiere ser recordado: como el técnico que supo rectificar, o como el político que fue fulminado políticamente por su propia incapacidad de obedecer la ley.

