"El Gobierno del presidente Abinader no necesita ruidos externos ni escándalos por violaciones a derechos laborales; necesita funcionarios que solucionen problemas, no que los creen".
Por Brando Pérez Mena.-
Santo Domingo.- En un momento donde la administración del presidente Luis Abinader concentra sus esfuerzos en la consolidación de una imagen de transparencia y pulcritud institucional, el Organismo Dominicano de Acreditación (ODAC) emerge como una fuente de ruido político innecesario.
La sentencia que dictó la Primera Sala del Tribunal Superior Administrativo (TSA) en septiembre pasado, no solo condena una decisión irregular, sino que pone en entredicho la disciplina administrativa que debe imperar en el "Gobierno del Cambio".
La Sentencia No. 0030-02-2025-SSEN-00574 del TSA confirma que la desvinculación del periodista Marcos Dominici fue un acto de arbitrariedad y exceso. Al ignorar los procedimientos legales, la dirección ejecutiva del ODAC ha forzado un conflicto judicial que desgasta la narrativa oficial de respeto a la ley, generando un escándalo que Luis Abinader y su gobierno no necesitan en estos momentos.

Un escándalo que empaña la gestión presidencial de Luis Abinader
Resulta inexplicable y contraproducente que mientras el Presidente Abinader aboga por un Estado moderno y eficiente, funcionarios de niveles bajos generen crisis por una inobservancia al debido proceso. El caso del ODAC no es solo un error administrativo; es una provocación al orden institucional que el mandatario ha intentado blindar.
A qué me refiero?: Vulneración reiterada: El caso tuvo que ser corregido por la Suprema Corte de Justicia, evidenciando que el ODAC ignoró las señales de alerta legales, prolongando un conflicto que solo aporta titulares negativos al Gobierno.
Costo político y económico: Además de la condena de RD$595,000.00 que deberá pagar el ODAC, el costo real es el daño a la reputación de una gestión gubernamental que se ha comprometido a desterrar el autoritarismo de las oficinas públicas.
La urgencia de alinear a los funcionarios
Este fallo judicial actúa como un recordatorio crítico, de que los directores de las instituciones descentralizadas no son entes autónomos para actuar por encima de la Constitución.
El ruido generado por la dirección ejecutiva del ODAC distrae la atención de los logros gubernamentales y coloca al Presidente Abinader en la posición de tener que cargar con los desaciertos y la prepotencia de subordinados que no parecen sintonizados con la ética del Palacio Nacional.
"El Gobierno del presidente Abinader no necesita ruidos externos ni escándalos por violaciones a derechos laborales; necesita funcionarios que solucionen problemas, no que los creen".
El peligro del ejemplo negativo
Si el ODAC mantiene su resistencia a materializar el pago de la indemnización que le impuso un Tribunal, y se mantiene como un modelo de desacato, el mensaje para el resto de la administración pública es altamente peligroso.
El TSA ha sido claro al señalar que la desvinculación de Dominici careció de justificación, lo que deja al ODAC en una posición de fragilidad moral. El ODAC vive pregonando calidad y exige que todos deben cumplir la norma, pero pareciera que él mismo no las quiere cumplir cuando se la aplican.
La pregunta que queda en el aire es cuánto ruido innecesario está dispuesto a tolerar el Ejecutivo0 antes de exigir una verdadera rendición de cuentas a quienes, con sus acciones, contradicen el discurso de institucionalidad del presidente?
